Hace un tiempo, había una España donde ETA aún mataba cruelmente y donde ser Guardia Civil, o familiar de alguno, era un peligro. En casa había unas reglas básicas, no se cogían cartas del buzón o no se le daba patadas a las bolsas que hubiera en la puerta de casa, eran algunas de las instrucciones.
En la actualidad ya no tememos un atentado de ETA, gracias a Dios esa fase terminó, ahora nos da miedo que el terrorismo alcance a nuestros hijos desde las redes sociales. Hay algunos sujetos que, en el mundo virtual, siembran el terror entre los usuarios de TikTok, Instagram o X con comentarios, imágenes, noticias, etc. maliciosos intentando encontrar “notoriedad” pública.
En esta serie de artículos voy a desgranar, desde un punto de vista criminológico, las diferentes violencias que nos podemos encontrar en las redes sociales. Y digo violencias porque son diferentes y de diversas índoles. Comienzo por la violencia verbal que podemos observar en algunos comentarios y que no son más que un intento de ridiculizar, vejar o menoscabar su profesionalidad a la persona que ha colgado el post.
Un ejemplo lo tenemos en la pasada feria de Sevilla. Concepción Mogedas, tras colgar un vídeo vestida de faralaes y bailando en la feria, comienza a recibir una serie de comentarios en los que la insultaban por no tener un cuerpo normo tipo actual, según esos comentarios. Como toda acción tiene su reacción, esta vez con mucha más intensidad, al instante surgieron comentarios positivos que dejaron sin valor los anteriores, si bien el daño ya estaba hecho.
Otro ejemplo, mucho más cercano, lo tenemos con la reciente polémica por la visita de Juan Manuel Moreno, presidente de la Junta, al restaurante Las Camachas de nuestra localidad. Desde el momento en que el establecimiento cuelga una imagen comienzan los reproches, algunos de muy mal gusto por cierto, recriminando que se permitiría la visita teniendo en cuenta la ideología política del visitante.
La cuestión que se plantea es qué necesidad tienen esos haters o trolls en redactar el comentario para expresar una opinión tan negativa.
Aquí debemos acudir a una amalgama de teorías criminológicas, que no terminan de explicar completamente el asunto pero que nos permiten enumerar algunas características personales y psicológicas de estas personas:
- Desinhibición: El hecho de encontrarse en un medio seguro, no cara a cara con la persona insultada, reduce la sensación de responsabilidad, eliminando barreras básicas sociales de convivencia.
- Narcisismo y búsqueda de poder: Buscan retribución emocional inmediata al llamar la atención, esto les hace sentirse poderosos en el entorno virtual.
- Personalidad insegura: A menudo experimentan poca autoestima o envidia, reflejando sus vulnerabilidades en el agredido. En ocasiones son personas con muy baja tolerancia a la frustración, por lo que en caso de no ser atendidos reaccionan más virulentamente.
- Baja empatía: Esta característica no está relacionada sólo con el mundo digital, la dificultad para conectar emocionalmente con el dolor ajeno puede desarrollarse en cualquier ámbito, si bien en la red puede estar más acentuado ya que no hay conexión con el otro.
En el caso de personas con comentarios contrarios a instituciones y/o personaje públicos, las motivaciones vienen determinadas por otras circunstancias, incluso económicas.
Que se desarrollen comentarios contrarios a una empresa pueden ser debidas a una campaña de desprestigio empresarial para echar abajo una determinada campaña.
En el mundo político ya se pueden imaginar a donde vamos. Publicar que determinado cargo político “mete la mano” en la caja, sea verdad o no, comienza una bola que puede terminar con la destitución del mismo.
La semana que viene les hablaré de la violencia real llevada al mundo digital y de las premisas que hacen que este tema sea tan atractivo para algunos.

Asesor criminólogo