Acabada en nuestra tierra la fiesta de la democracia y estando “tol pescao vendío”, podemos echar la vista atrás y pensar el porqué de la cantidad de fiestas, festejos y saraos que se celebran en mayo y como casi siempre la explicación se encuentra en el origen de la civilización occidental, es decir, en Roma.

Por cierto, ni siquiera los sindicatos modernos han conseguido que en nuestros días haya tantos festivos como en la Roma clásica, algunas incluso se superponían.

Comenzaba el mes con Floralia, una festividad que empezaba los últimos días de abril y duraba hasta el 3 de mayo, se celebraba en honor a Flora (diosa de la primavera y de las flores), eran días de ambiente muy relajado en las costumbres y colorido, pues el pueblo vestía ropajes de colores brillantes en vez de la clásica túnica blanca y se celebraban los Ludi Florales que eran representaciones teatrales satíricas y eróticas protagonizadas por esclavas y meretrices en las que las masas de hombres y mujeres jaleaban y exigían la nudatio mimarum, la desnudez de las protagonistas. Los patricios arrojaban a las masas puñados de habas, garbanzos y altramuces, que eran el símbolo de la fertilidad vegetal y humana.

El 1 de Mayo se celebraba en honor a la diosa Maia (de ahí viene el nombre del mes de mayo), que era la diosa de la fertilidad, el florecimiento y el crecimiento de las cosechas. A diferencia de las Floralia, no era una fiesta multitudinaria sino un ritual estatal de carácter sagrado, el sacerdote del dios Vulcano sacrificaba una cerda preñada esperando que la diosa devolviera el sacrificio con buenas y abundantes cosechas, la relación entre Maia y Vulvano es que la primera representa el calor vital de la primavera que hace crecer las plantas y Vulcano el calor destructivo del verano que las agosta. Esa celebración acabó fusionada con la de la Bona Dea (la buena diosa), que al parecer era una de las primeras diosas romanas y que era tan sagrada que los hombres no podían pronunciar su nombre ni participar en los rituales, sagrados y secretos que practicaban las mujeres romanas, las matronas, para pedir por la fertilidad y salud de las mujeres y por la prosperidad de la República.

¿Os recuerda algo aquello del mes de las flores o el mes de María?

El 14 de Mayo se celebraba una fiesta que debía ser muy importante por los oficiantes pero que los historiadores no se ponen de acuerdo en su significado, se trata del ritual de Los Argei. Se formaba una procesión con las mayores autoridades, los pontífices, los magistrados (pretores y cónsules) y las vestales, que eran las sacerdotisas vírgenes más importantes de Roma que conservaban el fuego sagrado, también participaba la Flaminica Dialis (la esposa del sumo sacerdote de Júpiter), quien acudía vestida de luto riguroso, con el pelo desgreñado, lo que indicaba el carácter sombrío del evento. Recorrían los 27 distritos y recibían muñecos de tamaño humano hechos de juntos y paja, con ellos se dirigían al puente de madera más antiguo de Roma, el Puente Sublicio, desde él, las vestales arrojaban al rio, uno por uno los muñecos viendo como se los llevaba la corriente, parece ser que era un ritual de purificación arrojando al rio las impurezas, lo pecaminoso, las enfermedades y la mala suerte.

El 15 de Mayo, la Mercuralia, era la fiesta de Mercurio protector de los comerciantes y también de los ladrones y de la astucia, compartía la fiesta con su madre Maia. Se reunían en la fuente sagrada del dios, que brotaba cerca de la Puerta Carpena, allí con ramas de laurel mojadas en el agua de la fuente la esparcían por sus mercancías, sus carros, los barcos amarrados en el rio Tiber, sus monedas y ellos mismos, pidiendo al dios por el éxito de sus negocios, además, y esto resulta muy curioso, rezaban pidiendo perdón por los engaños y al mismo tiempo pedían al dios que les siguiera dando beneficios aunque tuvieran que volver a mentir.

«Lava los perjurios del tiempo pasado, mis palabras engañosas de ayer… ¡Y permite que mañana pueda volver a engañar sin que me pase nada!»

¡Hay cosas que no cambian con el tiempo!, dicho sea con todo el respeto a los honrados comerciantes de ahora y de entonces, que seguro que también los había

Ese día, el 15 de mayo, Roma se convertía en una gigantesca feria. Los gremios de comerciantes organizaban banquetes públicos y celebraciones en las calles. Se consideraba un día de excelente augurio para firmar contratos, abrir nuevos negocios, inaugurar rutas comerciales, botar nuevos barcos y realizar transacciones importantes, ya que toda la actividad económica de la ciudad estaba bajo el manto protector y purificado de Mercurio.

A finales de Mayo se celebraban las Ambarbalia, eran una de las festividades agrícolas más antiguas, solemnes e importantes del calendario romano. No tenían una fecha fija, la fecha exacta la anunciaban los sacerdotes cada año, solían celebrarse a finales del mes de mayo (habitualmente el día 29). Su nombre deriva de la expresión latina ambire arva, que significa literalmente «rodear los campos». Esa era la esencia de la fiesta: trazar una línea mágica y religiosa alrededor de las tierras de cultivo para protegerlas del mal.

Consistía en una procesión por las afueras de la ciudad bendiciendo los campos y haciendo el sacrificio de un cerdo (sus), una oveja (ovis) y un toro (taurus) adornados con guirnaldas de flores, rito conocido como suovetaurilia, daban tres vueltas alrededor de los campos seguidos de una multitud de agricultores y sirvientes y al finalizar la tercera se sacrificaban los animales y se examinaban sus entrañas para ver si el sacrificio había sido grato a los dioses. Se celebraba en honor a la diosa Ceres, protectora de la agricultura y del dios Marte en su acepción de usar la fuerza para proteger los campos.

Había procesiones privadas de cada cual en sus campos y una pública presidida por los Frates Arvales, una antiquísima cofradía formada por 12 nobles, se dice que el propio Augusto formó parte de ella.

Las Ambarvalia estaban tan arraigadas en la mentalidad popular que sobrevivieron a la caída del imperio. La Iglesia católica no pudo eliminar la costumbre de los agricultores de bendecir sus campos en mayo, por ello, el Papa Mamerto (en el siglo V) adaptó la fiesta pagana transformándola en las Rogativas: procesiones cristianas que se celebraban en los días previos a la Ascensión (también en mayo), donde los sacerdotes y los fieles recorrían los campos portando cruces y santos, rezando letanías y rociando agua bendita sobre los cultivos para pedir una buena cosecha.

En la actualidad, tenemos las Cruces de Mayo, las primeras comuniones que pueden ser una presentación de los niños y niñas al mundo de los adultos. San Isidro Labrador, como la esperanza de las buenas cosechas. En muchos pueblos y ciudades empiezan ferias y romerías y tenemos la romería del Rocío en honor a la Virgen Maria.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *