Domingo de resurrección en Montilla: Hemos vuelto

Sale la cruz de guía de la Parroquia de Santiago anunciando la llegada del resucitado. Cada hermandad es representada por su bandera, todos quieren hacerse eco de la Buena Nueva. Hace un día soleado, alegre, que acompaña la vuelta a la vida del Señor. Hemos vuelto.

Hemos vuelto a sentir la pasión de Cristo dos años después. Las gentes de Montilla se han echado a las calles para recibir a sus imágenes. Esas calles que se han impregnado del olor del incienso y del sentimiento de nuestros vecinos. Apenas hemos pestañeado y ya se acaba, lo hemos disfrutado intensamente y ahora tenemos que esperar otro año. Teníamos ganas de Semana Santa y lo hemos demostrado.

Sin darnos cuenta había llegado el día más grande de Montilla, el Viernes Santo. El sol de la mañana presagiaba un día lleno de emoción y sentimiento. Las cornetas y los tambores de la Centuria Romana Munda se hacen eco en todos los rincones de nuestra ciudad de que llega El Rescatao. La Chiva está repleta, no faltan vecinos y costaleros a la tradición: café y chupito de aguardiente o anís. La marea morada y negra subía la Calle Ancha, ya con fieles esperando la salida cuando el reloj marca la media hora antes de las nueve en punto de la mañana. No importa las horas de sueño, sí las ganas y la pasión. Salen los tronos a ras de suelo, sujetados por las cuerdas que unen los brazos del trono con el de los costaleros. “Costaleros”, porque en Montilla nunca hemos sido muy puristas y lo usamos también para los tronos, llamados hombres de trono en Málaga o santeros en Lucena. Realmente no importa, lo que importa es el Señor.

No faltamos a nuestras tradiciones, los trajeados alumbran al señor y la organización desorganizada se apodera de los nazarenos. Es Viernes Santo, es diferente, no hay largos silencios ni viacrucis, sí muchos ¡Viva El Rescatao! ¡Viva Nuestro Padre Jesús Nazareno! ¡Viva el Cristo de la Yedra! Y ¡Viva nuestra Madre María Santísima de los Dolores! Las palmas y el murmuro de la muchedumbre se notaba entre saeta y saeta. Es la tradición, algo que no existe en ninguna otra parte, lo que nos diferencia. Tampoco faltó la buena gente que abre sus casas y cocheras para invitar a una copa de fino de Montilla a sus vecinos y costaleros, esa que sigue la tradición y le daría igual que su casa no tenga puertas ese día porque es Viernes Santo, un día en el que se vuelve a dejar patente la generosidad de los montillanos.

Y después del murmullo, las vueltas de los tronos a la puerta de San Agustín, el paseíllo de nuestros romanos, que no dejan indiferente a nadie y se hacen con el pueblo, las copas de vino y las cornetas y los tambores, después de todo llega el silencio. El Sábado de Gloria las calles montillanas gritan el silencio, se palpa la soledad, Jesucristo ha muerto. Sin embargo, hoy, Domingo de Resurrección, estalla la alegría y las calles se vuelven a llenar por última vez en esta Semana Santa para celebrar la resurrección de Cristo.

Esta, señores, es nuestra Semana Santa. La hemos vuelto a vivir y no podemos perderla. Animemos a los jóvenes a seguir con nuestra tradición, que no falten costaleros ni nazarenos, que no falten romanos, que no falte la copa de vino con sus vecinos, que no falte Montilla, porque señoras y señores, hemos vuelto.

Francisco S. Cobos

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