El voto extranjero, el CERA, no hizo otra cosa que ponérselo algo más difícil al piloto del Falcon y dejarle en bandeja a Junts más influencia si es que eso fuese posible.

El diputado 137 que el CERA otorgó al Partido Popular en detrimento de los socialistas, el del parlamentario García Adanero, ex de UPN reconvertido ‘popular’ tras el circo de la reforma laboral, no ha hecho más que potenciar la importancia del partido liderado por el prófugo Puigdemont en aras de una votación de investidura en la que o Sánchez o el gallego salga elegido presidente.

Resulta que, cuando antes la abstención de Junts le valía a Sánchez para formar gobierno, ahora solo le vale el Sí. No es que cambie mucho la negociación, pero el valor simbólico de una investidura con el Sí de independentismo de derechas e izquierdas reforzaría, todavía más, la ideología del líder socialista: el poder.

Por otro lado, es el partido del afincado en Bélgica el que se ha acordado que era de derechas y ha comenzado a coquetear con el PP. Algo que se le ha olvidado al PNV, en camino de una
estrategia electoral para las elecciones autonómicas vascas que, si tuviera que apostar, los
desbancará del Gobierno en favor de un EH Bildu que, a diferencia de su rival, tiene claro que es de izquierdas, y muy de izquierdas.

No estoy muy seguro de la valía del gurú político que llevó al PNV a soltar aquello de “nosotros hemos frenado a la derecha” ¿Pero ustedes no eran de derechas? Es la primera pregunta que se me vino a la mente. Pues parece que los nacionalistas vascos prefieren sentarse en la mesa de Yolanda Díaz, Errejón, Rufián y Otegi, con los que solo comparte el copado menú del congreso a poco más de 8€, que en la de Feijóo y Abascal.

La estrategia de Junts es meridianamente opuesta y, en lo que a mi respecta, lo está haciendo todo bien. Es decir, está haciendo lo que sus electores quieren que haga. Se rifan al mejor postor pero sin olvidar que su política económica y social está más en la mesa del gallego que en la de la, también gallega, Yolanda Díaz.

Sea como sea, sigue estando vigente eso de que lo más lógico sería una repetición electoral en la que los ciudadanos nos pongamos de acuerdo de antemano para facilitar pactos políticos.

También es cierto que hablar de lógica en la semana en la que un jipi de El Pentágono ha
afirmado bajo juramento que el Gobierno de los Estados Unidos tiene guardados a buen recaudo restos biológicos no humanos junto a despojos de OVNIs estrellados, es un cuanto atrevido.

Yo siempre lo he dicho. Lo suyo es que científicos y seguidores de la conspiración se extiendan en dialogar de pentágonos, cuadrados, ovnis, áreas 51, mientras que yo sigo hablando más de lo cotidiano que de lo divino.

Que los expertos declaren, que yo seguiré más pendiente de mi maleta para la JMJ, del cigarrillo humeante de mi colega mientras escribo este artículo y de apurar el final de la copa,
probablemente ya sin hielos, que me tomaré en Terraza después de ver el clásico de pretemporada. Porque, no sé muy bien el motivo, siempre he encontrado más atractivo el barro y lo banal que lo divino.

Paco Cobos Periodista

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