Este sábado en Nueva Carteya se viste de lujo para homenajear a Manuel Silveria, el toque imprescindible de la guitarra flamenca cordobesa, dentro de la 40 Alcaparra Flemanca
Manuel Silveria Fernández nació en Córdoba el 2 de noviembre de 1966 y está considerado como uno de los grandes maestros de la guitarra flamenca de acompañamiento. Comenzó a sentir una profunda afición por la guitarra a los 13 años y se formó con el reconocido maestro Juan Muñoz «El Tomate», quien también fue profesor de otros destacados guitarristas cordobeses.

Desde muy joven destacó por su sensibilidad, su dominio del compás y su capacidad de improvisación. Antes de cumplir los veinte años ya participaba en numerosos festivales flamencos y colaboraba en grabaciones con importantes cantaores y bailaores. Su toque elegante y expresivo lo convirtió en uno de los guitarristas de acompañamiento más solicitados del panorama flamenco.
En 1988 recibió la Fiambrera de Plata, concedida por el Ateneo de Córdoba. Un año después, en 1989, obtuvo el prestigioso Premio Manolo de Huelva en el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba, reconocimiento que supuso el impulso definitivo de su carrera. Ese mismo año consiguió una plaza como guitarrista acompañante en la Escuela Superior de Arte Dramático y Danza de Córdoba.

La grandeza de Manuel Silveria no se mide únicamente por los premios obtenidos, sino por la confianza depositada en él por algunas de las voces más importantes del flamenco. Durante décadas ha acompañado a figuras de la talla de Fosforito, Luis de Córdoba, El Pele, Carmen Linares, Calixto Sánchez, Julián Estrada, Antonio Reyes y numerosos artistas del cante y el baile, compartiendo escenarios en festivales nacionales e internacionales. Su guitarra nunca pretende eclipsar al cantaor; al contrario, realza cada tercio, sostiene el compás y aporta una sensibilidad que convierte cada actuación en una experiencia única.

Manuel Silveria representa la esencia de una forma de entender la guitarra: discreta cuando debe serlo, brillante cuando el momento lo exige y siempre al servicio del arte. Su legado forma ya parte de la historia del flamenco cordobés y de esa generación de guitarristas que han convertido el acompañamiento en una disciplina tan compleja como imprescindible para mantener viva la autenticidad del cante.