Supongamos que en una competición de atletismo, uno de los corredores no se presenta a la prueba; en su lugar envía al jurado un video creado con inteligencia artificial (IA) en el que aparece él llegando el primero a la meta, y el jurado, formado por gente que nada entiende del deporte, lo acepta y lo nombra ganador. Este “corredor IA”, al contrario que el resto de los competidores, no ha invertido horas diarias en entrenar, no se ha preocupado de aprender la teoría necesaria, no ha mantenido una dieta apropiada, no está en la forma física adecuada ni ha dedicado años de su vida a mejorar su rendimiento y sus habilidades; en resumen, no sabe nada sobre el deporte al que se presenta. Todo lo que ha hecho ha sido sentarse diez minutos frente a un ordenador, lo justo para pedirle a la IA que le genere el video, y sin embargo, el jurado considera que es merecedor del premio tanto como cualquiera de los demás participantes.
Es un ejemplo surrealista que, quiero creer, todos estamos de acuerdo en que sería absolutamente injusto y descabellado, y sin embargo es esto lo que ya ocurre con frecuencia en concursos de arte y diseño, como —ejem—, en los de carteles para ferias de
pueblos. Y sí… con pena vengo a hablar sobre el cartel ganador del concurso de carteles de la Feria del Santo 2026.
Una observación antes de seguir: NO estoy afirmando que el cartel obra de Francisco Solano Bellido Luque esté creado con IA. Lo que sí digo es que hay indicios de que puede estarlo —más adelante veremos cuáles—, y pido al lector/a que lea hasta el final, porque así verá que este no es un ataque al autor, sino una llamada al entendimiento en pro de mantener un buen concurso de carteles y, si nos consideramos amantes de las tradiciones, también en pro de una coherencia, sentido y respeto hacia estas.
Habrá quien piense que qué más da cómo esté hecho el cartel, que al final la IA es un avance más en los procesos válidos para hacer arte, que ole por quien la use porque si llega al mismo resultado en menos tiempo, pues que los demás hagan lo mismo y no lloren tanto. Para quien piense así me remito al ejemplo con el que comienza este artículo, además de que seguramente desconoce los brutales recursos que necesita la IA para funcionar, como los enormes centros de datos que se están instalando por toda la España vaciada, que aportan cero beneficio a los pueblos cercanos y consumen tal cantidad de agua y energía que, tal y como dijo la ONU, “son un suicidio anunciado”.
La IA produce imágenes genéricas totalmente contrarias a un cartel que busca captar lo particular, lo único y lo personal de una localidad; decir que la IA puede aportar algo en un concurso de carteles es como decir que las hamburguesas de Burger King añaden valor a la gastronomía cordobesa. Animar a los participantes a usar la IA es llevar todas las propuestas a ser genéricas e insulsas, convirtiendo el concurso en un teatrillo de participantes que entregan algo sin saber nada del deporte para que lo valore un jurado que tampoco sabe nada del deporte. Resultado: un paripé sin sentido, mientras los que sí saben del deporte se quedan fuera.

Yendo a lo local, a lo que nos toca de cerca, podemos sacar incluso más reflexiones. La feria, por supuesto, se basa en las tradiciones; también su concurso de carteles. Los motivos que aparecen en el mencionado cartel —San Francisco Solano, las gitanas, los arcos, las copas de vino—, todo habla sobre Montilla y su identidad. También el oficio de lo gráfico-plástico está basado en un conjunto de tradiciones: pintura, ilustración, diseño gráfico, fotografía. Al igual que los atletas del ejemplo, para crear un cartel hace falta desarrollar habilidades a lo largo de años, aprender mucha teoría —sobre composición, teoría de color, peso visual, valoración tonal, luz, texturas, anatomia, etc—, hace falta practicar —entrenar— técnica echándole horas a diario; pasar por buenos y malos momentos, afrontar la frustración, invertir recursos, desarrollar un criterio estético. Sólo es coherente que un cartel que habla de tradición esté creado con tradición, y de no ser así, te están vendiendo una apariencia tradicional cuando en verdad es algo sintético, genérico y barato. Realizar un cartel que habla de la identidad tradicional mediante un método que ignora y humilla lo identitario y lo tradicional, es, directamente, un insulto hacia esas tradiciones y hacia las personas que las viven.
Si te importa tu feria, tus tradiciones y tu pueblo, y te dan un cartel hecho con IA, tienes motivos para sentir que se están riendo en tu cara.
De nuevo: no afirmo que el cartel de Montilla de este año esté hecho con IA. Hablo en general de algo que ocurre en muchas localidades. Sin ir más lejos, nuestro ayuntamiento ya acumula una buena colección de carteles generados con IA (Carnaval 2026, Fiestas de la Cruz 2026, entre otros), lo cual daría para un artículo en sí mismo. Pero esto no es sólo un cartel, es un concurso, y a lo anterior se añade el despropósito que supone para el resto de participantes si ganase una obra generada de tal manera.

Si algún listillo quisiera, por ignorancia, por falta de talento o por avaricia, llevarse un premio de diseño presentando una chapuza hecha con IA, le sería fácil conseguirlo al tener un jurado como el que compone el concurso del cartel de la Feria del Santo. Según sus bases, el jurado está formado por el alcalde o un representante, un miembro de cada grupo político (?), el técnico de festejos, una persona relacionada con lo cultural del pueblo y, —menos mal—, por una persona relacionada con la fotografía. De entre todas estas personas, sólo una, dos a lo sumo, parecen poder tener formación suficiente en procesos y sintaxis de la imagen como para valorar con coherencia y detectar posibles fraudes. No es dificil imaginarse que las valoraciones, por tanto, solo pueden estar basadas en qué bonito o qué feo me parece lo que veo. En resumen: sería súper fácil colar una obra hecha con IA.
Pero, ¿qué me lleva a sospechar del cartel ganador de este año?
Tal vez para una persona que no se dedica a la imagen sean detalles difíciles de detectar, eso es comprensible, pero los que sí nos dedicamos a ello tenemos el ojo entrenado para encontrar las pistas que deja la IA al producir imágenes. En el cartel ganador encontramos algunas:
1) Formas difíciles de interpretar
Ocurre que la IA está pensada para ofrecer imágenes genéricas funcionales y se hace la picha un lío cuando tiene que representar los detalles de algo no genérico, como es la corona de un santo concreto de un pueblo concreto. Si nos fijamos en la del cartel ganador, observamos que ésta se ha convertido en una especie de remolino abstracto, una especie de estructura de formas orgánicas, como si fuese una caracola o erizo de mar. Esto se debe a que es una forma difícil de interpretar para los algoritmos y la transforman en lo que intuye que puede ser. Si esta corona estuviese dibujada, observando la “calidad” del resto del dibujo del santo, no se habría caído en semejante confusión de formas.
2) Las caras de la IA
El objetivo de la IA es crear imágenes atractivas, y por ello todos los rostros que genera, sea cual sea el estilo que le pidas, tienen unas proporciones internas muy específicas: cabezas y ojos grandes, narices pequeñas, cuello estilizado; unos volúmenes y una luz que suaviza las pieles eliminando toda imperfección y que hace los rostros siempre amables y cercanos, casi infantiles. El rostro del San Francisco Solano ganador parece tener este lavado de cara tan característico.
3) Errores en estructuras
La IA todavía comete errores —hace un tiempo creaba manos de siete dedos— y aunque ahora ya ha corregido eso aun sigue haciendo cosas raras con las estructuras, que no entiende como tales. Uno de los ejemplos que vemos en el cartel es que los ladrillos del marco derecho de la ventana son diferentes a los del lado izquierdo:
Son también llamativos algunos detalles en las superposiciones y los límites entre los objetos, como ocurre entre las rejas y el fondo: algunas de las volutas quedan inexplicablemente cortadas a la mitad y los adornos superiores centrales de los arcos se
funden visualmente con las rejas que tienen delante.
Y podríamos seguir un rato más buscando las posibles pistas que deja la IA, a pesar de que muchas de ellas son difíciles de detectar gracias a un filtro de acuarela digital que lo cubre todo, según dijo haber usado el autor durante la presentación.
Una vez más lo digo y lo repito: no vengo a acusar al autor. Pero la sospecha está justificada, dado el panorama que vemos por todos lados. La gravedad del asunto nos lleva, por desgracia, a tener que exigir un poco de profundidad y transparencia en el proceso creativo que hay detrás de las obras presentadas.
Con todo el respeto, animo al creador del cartel ganador a que haga público su proceso creativo, a que muestre qué imágenes ha utilizado en el montaje, si son fotos o dibujos propios; le animo a que responda a este artículo por el medio que quiera, y si demuestra que no ha usado la IA, total ni parcialmente, yo voy a ser el primero en estrecharle la mano y darle la enhorabuena por el gran trabajo realizado. De lo contrario, no vamos a tener más remedio que asumir que sí que ha usado medios poco éticos para hacerse con el premio, faltando al respeto a sus compañeros, a toda una profesión y a todo un pueblo.
También apelo al Ayuntamiento de Montilla para que revise las bases del concurso para futuras ediciones, que especifique si se puede usar IA o si no, —para que al menos quede clara la cosa y todos sepamos el interés que se pone—; que en ellas exija entregar archivos que muestren el proceso creativo, digitales o analógicos, y sobre todo, que el jurado no esté formado sólo por políticos sino por profesionales del sector que garanticen un resultado justo.
En solidaridad, espero que este texto llegue a todas aquellas personas que han participado en el concurso del cartel de la feria de este año.
Alejandro Sánchez Graciano
Ilustrador y diseador gráfico