No pretendo hacer una tesis, únicamente revisar mi propia experiencia y mis conocimientos adquiridos a lo largo de mi vida.

Nací en la España franquista y crecí en un barrio obrero en viviendas de protección oficial, el régimen presumía de las casas con jardín que entregaba a los “productores”, hablar de obreros o trabajadores, era cosa de rojos. En unos tiempos en que no sobraba nada y faltaban muchas cosas, aquellos jardines se trasformaron en huertos y gallineros donde criar gallinas y conejos, judías verdes, calabacines, cebollas, ajos, tomates y cualquier cosa que ampliara las posibilidades del consumo de verduras y proteínas, también se plantaron algunos árboles frutales, en la que fue mi casa todavía sigue en pie un ciruelo del que colgaba mi columpio.

En aquellos tiempos las mujeres de mi barrio, solo eran amas de casa o como se decía en los documentos, de profesión: “sus labores”. En el barrio, nadie tuvo un coche hasta los años 70, los que se veían eran el del médico o de las autoridades, en verano veíamos los de los emigrantes, algún Seat 600, Citroën 2CV o Renault 4L, si el emigrante estaba en Barcelona, en Madrid o en Bilbao y Ford Capri, Opel Record e incluso de marcas de más prestigio si venían desde Alemania o cualquier otro país de la Europa occidental.

Nuestros padres se empeñaron en usar el ascensor social del estudio y muchos de los chavales de aquel barrio llegamos a tener una aceptable “cultura general” como se decía entonces y que efectivamente nos abrió puertas para el futuro profesional, algunos incluso en la Universidad.

En los 70, ya jóvenes, además de esforzarnos en abrirnos un camino laboral, participamos en múltiples manifestaciones y huelgas por derechos laborales y también por derechos políticos, muchos se la jugaron y algunos pagaron con su vida, pero tuvimos éxito, se trajo la democracia, y se mejoraron notablemente las condiciones de trabajo, compramos piso y coche y unos años veraneábamos en el pueblo y otros, cuando se podía, nos íbamos a la costa, Benidorm, Torremolinos o cualquier otra que estuviera a mano y con apartamentos de alquiler a buen precio.

Las cosas siguieron mejorando, mejor calidad de vida, mejores servicios públicos, democracia, España pasó a formar parte de Europa y eso también se notó, las ayudas al campo, por ejemplo, hicieron que la vida de los agricultores de los años 90 no se pareciera en nada a la de los 60.

Crecimos en un mundo en el que las desigualdades de clase y entre países disminuían y eso favoreció la mejora en la calidad de vida de las clases trabajadoras, por dejarlo claro, para mí, un trabajador es todo aquel que tiene que trabajar para vivir, no importa si por cuenta propia o ajena, si de peón o de gerente, si en la empresa privada o como funcionario, si tienes que trabajar, eres un trabajador.

Ahora vemos a una juventud formada, muchos de ellos con títulos universitarios, incluso manejando idiomas, algo realmente excepcional en mi generación, les vemos con muchas dificultades para conseguir empleo y cuando lo consiguen son precarios y con salarios de miseria.

Solo por poner un ejemplo, en los años 70, una familia trabajadora vivía como todas las demás de su entorno solo con el trabajo del marido, hoy una familia para vivir como las de su entorno social, es necesario que trabajen los dos, ¿Quién gana y quien pierde con eso? Desde mi punto de vista, gana la economía en general, los datos macroeconómicos, la productividad de las empresas y por supuesto los beneficios empresariales que se reparten los accionistas. ¿Quién pierde? También parece evidente, pierden los trabajadores, pierden en calidad de vida, pierden en conciliación familiar, pierden las mujeres que suelen tener doble jornada en su trabajo y en casa, pierden los hijos que están más tiempo solos o en vez de estar jugando se cargan de actividades extraescolares, pierden hasta los abuelos que se tienen que hacer cargo de sus nietos para que trabajen los hijos.

Pero si todo ha ido mejorando, si las tecnologías han liberado a muchos trabajadores de las faenas más pesadas, si los números macroeconómicos de hoy son muy superiores a los de los años 70, si hay sectores económicos cuyas actividades se han multiplicado por mucho, como el turismo, por ejemplo, que hemos pasado de ir al pueblo o a la playa a viajar al extranjero en algunos viajes que parecen de ensueño, si a España venían unos 30 millones a mitad de los 70 y ahora vienen casi 100 millones, con todos esos números ¿Porque los jóvenes y no tan jóvenes de hoy se encuentran en ese estado de precariedad, de bajos salarios, de enormes dificultades para habitar una vivienda digna en propiedad o alquilada, que les afecta incluso en lo que sería su modelo de familia, el número de hijos que quieren o pueden tener? En nuestros días, hay más riqueza, pero está peor repartida. No soy sociólogo ni especialista, pero hay algunas cosas que han sucedido y como tampoco creo en las casualidades, esas cosas me hacen pensar, dicho claramente, me hacen pensar mal.

El modelo económico

Una de las cosas que han cambiado en Europa Occidental es que el modelo de Estado del Bienestar que se implantó después de la salvajada de la II Guerra Mundial, y que fue gestionado, en general, por el centroizquierda representado por los partidos socialistas o socialdemócratas y por el centroderecha de los partidos democratacristianos, basándose en la doctrina social de la Iglesia, ese modelo se empezó a sustituir por el neoliberalismo proveniente de USA. ¿Cuál es la diferencia entre ambos modelos económicos?

El modelo social creé en el Estado como regulador de la economía junto a la iniciativa privada, cree en la sociedad, en los derechos sociales y en la igualdad de derechos y de oportunidades entre los ciudadanos, esa igualdad se intenta conseguir mediante altos impuestos progresivos para los ciudadanos y las empresas y esos impuestos se dedican a financiar servicios públicos de calidad, como Sanidad o Educación. Hay que pensar que ese dinero invertido en servicios públicos vuelve a la ciudadanía en forma de salarios para los trabajadores de esos mismos servicios y de contratos para las empresas proveedoras.

El neoliberalismo, cree que el Estado es un estorbo para la iniciativa privada, cree en el individuo y se basa en dos enormes falacias:

La meritocracia, según esa opinión, el mérito de cada uno nos lleva al lugar que nos corresponde socialmente, pero las estadísticas nos dicen lo contrario, entre el 60 y el 70% de quien pertenece a la clase alta, lo hace por herencia de propiedades, empresas o activos financieros y solo entre un 10 y un 20% lo hace por sus propios méritos académicos, por emprendimiento o por talentos especiales como los futbolistas. El resto entre un 15 y un 20% lo consiguen a través de “contactos” que les colocan en la alta dirección.

La otra falacia es su crítica a la fiscalidad, suelen decir que el dinero está mejor en el bolsillo del contribuyente que en las arcas del Estado. Esto hay que compararlo con la fiscalidad de los Estados Sociales (España se define en su Constitución como un Estado Social y de Derecho). Si se rebaja un punto en la fiscalidad, la mayoría de los trabajadores, tendrán 100€ más en su bolsillo a final de año, las grandes fortunas tendrán un millón, pues bien, yo opino, que lo mejor para la mayoría es juntar ese millón de los más afortunados con los cien de los más humildes y dedicarlo a mejorar los servicios públicos. Es evidente, que de esa forma sale perjudicada la minoría más rica, que es la que dispone de recursos para manipularnos con informaciones falsas en las redes sociales, en algunas tertulias y en algunos medios de comunicación, que prefieren contentar a sus clientes de publicidad antes que a sus clientes lectores, oyentes o televidentes, pero es que la inmensa mayoría de los ciudadanos no formamos parte de esa minoría privilegiada.

Modelo político

Otra cosa que ha cambiado entre los años 70 y hoy es la desaparición de la Unión Soviética y el bloque comunista de Europa Oriental. Llamarme mal pensado, pero ¿Tendrá algo que ver que desaparezca la competencia ideológica, la principal potencia en esos años con un modelo alternativo al capitalismo, con el hecho de que este se radicalice transformándose en el neoliberalismo?

A día de hoy la principal potencia con un modelo económico alternativo se llama República Popular China y según muchos expertos, está ganando la batalla del bienestar de sus ciudadanos, Según algunas fuentes, alrededor de 20 millones de chinos pasan cada año a lo que sería clase media, si comparamos eso con lo que sucede en occidente, donde las clases medias están estancadas o en retroceso, también podremos llegar a la conclusión de que una economía regulada por el Estado, como es la China, da mejores resultados macroeconómicos y de calidad de vida para sus ciudadanos que el libre mercado sin control. El coste de ese bienestar son las carencias en libertades individuales.

Europa debería volver a lo que hizo de nuestro continente el mejor sitio para vivir por calidad de vida, por servicios y por libertades y derechos sociales e individuales.

Lucha intergeneracional

Otra gran idea que nos han inoculado es la lucha intergeneracional, es frecuente escuchar a jóvenes millennials o de la generación Z culpar de todos sus males a los Baby Boomers, pero ¿Qué son estas clasificaciones por generaciones? Hasta donde tengo información, son clasificaciones del marketing sociológico para ofertar distintos productos dirigidos a distintos tipos de consumidores.

Si analizamos las cosas desde otro punto de clasificación de la población como son las clases sociales, veremos que un millennial que no llega a fin de mes, tiene más en común con un jubilado boomers que con otro millenial “hijo de papá”. Entonces yo sugiero a todos esos jóvenes que realmente lo están pasando mal, que no se equivoquen de enemigo y reclamen sus derechos a quien se los niega no a quien ya luchó por ellos.

Los trabajadores, tienen que recordar que los derechos sociales e individuales se conquistan y se defienden asociándose, agrupándose y exigiéndolos por las buenas o por las malas. Nunca a lo largo de la historia quien ha disfrutado de privilegios ha dejado de hacerlo por voluntad propia y también hay que recordar que ningún logro es para siempre, lo estamos comprobando, la precariedad y las malas condiciones sociolaborales de nuestros días, se parecen más a los inicios del capitalismo, donde trabajaban hasta los niños por un plato de comida, que a lo que se consiguió en Europa en los años 50 y siguientes, y que en España, por culpa de la dictadura, no llegó hasta los años 80 con la universalidad de Educación y Sanidad. Es la ciudadanía organizada la que trasforma las sociedades.

Ángel Diez de Miguel
Reflexiones desde la higuera

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