Nuestro reportero Jose Carlos Carmona ha participado de la XXII Concentración de Coches Clásicos y Antiguos volvió a demostrar que en Rute
Apenas habían dado las nueve cuando el Paseo del Fresno comenzó a llenarse de un murmullo distinto al habitual: el ronroneo de motores veteranos, el crujido de puertas metálicas que han sobrevivido a décadas y el entusiasmo de quienes llevan años esperando esta cita. El aire fresco de la mañana se mezclaba con el aroma del chocolate caliente y los churros, que los organizadores ofrecían a los participantes como bienvenida cálida a una jornada que prometía ser memorable.

Los primeros rayos de sol se reflejaban en las 60 carrocerías pulidas de vehículos con más de un siglo de historia, en los cromados de los SEAT y Renault que marcaron generaciones, y en la silueta elegante de un Mercedes Ponton, que parecía haber viajado desde otra época para recordar cómo era conducir cuando el volante era casi un acto artesanal.

A medida que avanzaba la mañana, el Paseo del Fresno se convirtió en un museo al aire libre. Familias, curiosos y aficionados recorrían la exposición con la misma actitud reverente con la que se observa una pieza única. Cada coche tenía detrás una historia: restauraciones que duraron años, herencias familiares, hallazgos inesperados en garajes olvidados.
La presencia de los 60 vehículos y cerca de 90 inscritos daba al evento un ambiente diverso y vibrante. Entre ellos destacaba el Club Renault de Málaga, cuyos miembros compartían anécdotas y detalles técnicos con quien quisiera escuchar. También llegaron propietarios de la Subbética con motocicletas, furgonetas y camiones clásicos que aportaban variedad y color al conjunto.
A la una de la tarde, el silencio se rompió con el encendido simultáneo de decenas de motores. El público se agolpó en las aceras para ver el recorrido urbano: un desfile que avanzaba por las calles principales de Rute como si la ciudad retrocediera en el tiempo. Los vecinos saludaban, los niños señalaban los vehículos más llamativos y los visitantes grababan vídeos para conservar un instante que difícilmente se repetirá igual.
Convivencia y agradecimiento

La jornada culminó en el restaurante El Vado, donde los participantes compartieron un almuerzo de convivencia. Entre risas y conversaciones, se celebró un sorteo de regalos patrocinado por unas treinta empresas locales, gesto que evidenciaba la implicación del comercio y la industria de Rute en esta tradición.
En la bolsa de bienvenida, una guía turística invitaba a descubrir el municipio durante el fin de semana, reforzando la idea que el alcalde David Ruiz había señalado por la mañana: esta concentración es mucho más que un evento automovilístico; es una puerta abierta al turismo y a la identidad cultural de Rute.

Cuando el sol comenzó a caer, los coches emprendieron su regreso, dejando tras de sí el eco de una jornada que combina memoria, pasión y comunidad. La XXII Concentración de Coches Clásicos y Antiguos volvió a demostrar que en Rute el motor no es solo mecánica: es historia viva, es encuentro y es una celebración que cada año renueva su fuerza.