Durante este fin de semana se ha producido diferentes robos en las pertenencias de diferentes cuadrillas de vendimiadores, mientras estaban recogiendo la uva, trabajando bajo el sol abrasador.
Una cosa que distingue a las explotaciones agrícolas de esta zona con respecto a las de otras localidades es la ausencia de alambrado o vallas para diferenciar una finca de otra. Bastaba un mojon, una piedra grande o un bardal para que todos supiéramos que pasábamos de una finca a otra.
En esa confianza trabajadores y empresarios dejan en el jato agua, vehículos, maquinaria, talegas y demás pertenencias que servirán en algún momento del día bien en el tajo bien en el almuerzo o desayuno.
Pues nada, este fin de semana, en la Sierra de Montilla se han dado una serie de robos a varias cuadrillas en la que buscaban lo fácil, no robaron maquinaria, ni uva, ni productos fitosanitarios…, fueron a por el dinero y las pertenencias de los que están bajo el sol para llevar un sueldo a sus casas. Abrieron talegas, coches y todo lo que hiciera falta, para poder robarles lo que encontraron de valor en los coches.

Móviles, monederos, relojes… que fueron robados con las cuadrillas a menos de 100 metros, lo cual indica el conocimiento de la zona, horarios, usos y costumbres propios de la vendimia.
¡Ladrón! que en vez de trabajar se dedica a robar, a hacer daño. Imagina la cara del que después de un duro dia de trabajo no solo llega con la manos vacías, sino con la deuda de reponer lo que le han robado.
¡Ladrón!, que te sepa siempre el vino amargo.