No sé si lo saben ustedes. Pero es que resulta que en esta nube de incienso, de tambores y de tronos a medio montar, pues que ha ascendido el C.D. Montalbeño. Había un resquicio de deporte y de ilusión futbolística en este mundo momentáneo de costales y filas innumerables de nazarenos. Resulta que había 20 tíos, o los que fueran, que se enfundaron las botas antes que ponerse el costal. Que sabían que se jugaban la ilusión de un pueblo, que no era específicamente el nuestro, que era el de los vecinos que tienen los mejores ajos del mundo. En fin, los motalbeños.

Pero es que, entre esos jugadores de rayas blancas y rojas —no me vuelvo a poner una camiseta que se asemeje al atleti— la verdad es que han ilusionado en condiciones a un pueblo. O a una comarca. Porque resulta que también había un par de ellos que eran montillanos de pura cepa. Alex, hermano de muy buen amigo Agustín e hijo de aquel gran director de Los Salesianos que siempre nos apoyó, Agustín de la Cruz. Me acuerdo decirle a mi colega que se viniese al Apedem a jugar con nosotros. Y creo que él me decía algo así como que su hermano pequeño era bastante mejor.

El otro era Jaime. Me andaba yo con él dando pelotazos en el gigantesco salón de El Horno. El tipo le daba bastante bien a la pelota. Yo, por cierto, acabo de pedirme una jervejita —con alcohol porque “jin alcó no vale pa ná—. Me acuerdo de mi entrenador de porteros, que anda por aquí siendo un tío en condiciones, cuando todavía le daba yo a esto del fútbol. Isaac. El puñetero Pepe Reina de la campiña sur cordobesa. Un tío que lo mismo hace vestuario, que lo mismo te enseña a parar penaltis. Joder, ahora me toca hablar de Jorge. Jodido cabrón. Qué bueno que eres, y qué guapo —me ha dicho una tal Nuria—.

Qué bueno eres, en el fútbol y en todo lo demás. Un tío cojonudo que anima a todo el equipo. Que ejerce de capitán y de lo que haga falta. Un gran colega. Y, bueno, no puede faltar mi hermano. El de sangre. Tete Cobos. Me hice portero porque alguien tenía que ponérsela ante sus cañonazos. Ese tipo que me enseñó que la familia hay que disfrutarla. Qué buen hermano mayor y que gran tío. Qué pedazo futbolista que pudo haber jugado en el Madrid —ahí, por cierto, estuvimos para apoyar a nuestro hermano, el único Viernes Santo que recuerdo extramuros—. Hablaría de lo buen jugador que eres, pero no tendría tiempo, ni la necesidad de hablar de las facetas deportivas de una de las mejores personas que conozco.

En fin. Habéis hecho un pedacito de Historia. Con mayúsculas. Porque, aquí, la gente os adora. Buena prueba de ello es mi periplo. Porque he pisado el campo, he entrado al vestuario, he abrazado a Bartolo en la plaza del Ayuntamiento. No me he subido al camión que os llevaba, pero sí que os he acompañado, hasta el punto que me he subido en el primer coche que os hacía de escolta. Mujer del presidente, del entrenador y de jugadores. Y yo, flipando, claro. Y me he echado una foto con Los Colagos, por si había duda.

Esto ya se está haciendo largo, pero aprovecho para pedirles perdón, porque les escribo muy poco a menudo. Pero bueno, de vez en cuando ya les meto “un buen repazo” en mis historias. Aunque esta haya pasado en unas tres o cuatro horas. Disfruten. De la Semana Santa y del Montalbeño.

Paco Cobos
Periodista

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