Vivimos unos tiempos extraños, en los que todo el mundo intenta convencernos para que parezcamos algo que no somos, lo de ser, es lo de menos, lo importante es el parecer, y así lo estamos viendo en algunos juzgados y también en Las Cortes Españolas con motivo de la visita del Papa a nuestro país.

Unos se rasgan las vestiduras, por ejemplo, porque se pidan 6 años de cárcel para el hermano del Presidente por haber sido presuntamente enchufado, los otros piden esa condena porque están seguros qué si ha sido enchufado, yo me pregunto ¿De verdad en la España de los enchufes los unos y los otros se escandalizan por un enchufe? Me parece de una hipocresía escandalosa y yo les recordaría la frase bíblica esa que dice que “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”.

Creo que muy poquitos podrán presumir en este país nuestro, de que absolutamente nadie de su familia, ha obtenido jamás un beneficio grande o pequeño porque conocía a fulano o a mengano, por ser “hijo de” o “cuñado de”. En este país nuestro en el que el poder siempre nos ha tratado como súbditos y muy pocas veces como ciudadanos, el instinto de supervivencia nos ha enseñado algo que creo que es muy español,” la picaresca”, si no tenemos o no se respetan nuestros derechos ciudadanos, “nos buscamos la vida” y en esa búsqueda recurrimos a familiares, amigos, conocidos y a quien haga falta.

Puedo estar de acuerdo en que se legisle para acabar con los enchufes y con las “cartas de recomendación”, puedo estar de acuerdo en que se apliquen penas especialmente duras a los que corrompan la igualdad de oportunidades, con lo que no estaré nunca de acuerdo, es con una aplicación parcial, y teledirigida de la ley, y aun suponiendo, que se probara sin ningún género de duda, que el hermano de Pedro Sánchez debe su puesto de trabajo a un enchufe, la sentencia no sería justa si de manera inmediata no se establecen tribunales especiales para acabar de manera urgente con todos los enchufados y enchufantes de este país.

En estos días, en que nada es lo que parece, nos ha visitado el Papa y en sus discursos ha repetido hasta la saciedad algo que es implícito a la doctrina de la Iglesia Católica, como es la igualdad en la dignidad humana, si todos somos hijos de Dios todos somos hermanos e iguales, que a estas alturas un Papa diga esas cosas y que esto sea noticia, lo que nos indica es que habitualmente nada de eso es así, es decir, todos aquellos que se declaran católicos están faltando a sus valores si no practican ese concepto básico de la igualdad en la dignidad, y no hay matices, ni exclusiones, ni excepciones, no se puede discriminar a nadie, ni por su origen, ni por el color de su piel y mucho menos por su riqueza o su pobreza.

Pues bien, el pasado lunes 8 de junio el Papa dio un discurso en el Congreso de los Diputados, en una sesión extraordinaria y conjunta de las dos cámaras, se podría debatir mucho sobre las razones que abren el templo de la soberanía popular de un estado constitucionalmente laico a un líder religioso, se dijo que se le invitaba como Jefe del Estado Vaticano, el mismo Papa aclaró que estaba allí como Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia Católica.

En su discurso, hasta donde puedo recordar, no se salió un ápice de la doctrina de la Iglesia Católica, recordó que está contra el aborto, la eutanasia o el matrimonio entre personas del mismo sexo, también insistió en la dignidad de todos los seres humanos, inmigrantes incluidos.

Los Papas eligen nombre cuando son elegidos y este decidió llamarse León XIV, es evidente que algo querrá imitar de su predecesor en el nombre y habría que recordar que León XIII fue el Papa que publico en 1891 la encíclica “Rerum Novarum” que fue la base para la doctrina social de la Iglesia Católica, en la que defendía la dignidad de los trabajadores frente al capitalismo salvaje de la Revolución Industrial, ¿Qué tiene de raro entonces que León XIV siga defendiendo la dignidad de todos los seres humanos frente al neoliberalismo y el individualismo salvaje de nuestro tiempo, que sacrifica todo al dios de loa avaricia?

Los diputados escuchaban atentamente, o eso parecía, al terminar su discurso se produjo un aplauso que solo terminó cuando el Papa abandono el hemiciclo y fue absolutamente inconcebible desde la coherencia.

Entiendo un aplauso de cortesía al orador, pero ese derroche de palmeros aplaudiendo a quien ha estado de acuerdo contigo en unas cosas y te ha reprochado otras, solo lo entiendo desde la hipocresía y la incoherencia de unos y de otros, el único coherente fue el Papa, incluso tomando la decisión de marcharse porque parecía que ningún grupo iba a dejar de aplaudir antes que el otro, “para que no digan”

Ángel Diez de Miguel
Reflexiones desde la higuera

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