Hoy celebramos el día de Reyes y alguno habrá dejado una mascota en casa y es por ello que os traemos un fragmento de una carta de amor de un dueño a Ares vom Felsenschloss, su perro, para que recordemos que en casa no metemos un animal, metemos un ser que será familia.

Ares nació el 8 de mayo de 2015 y se fue el pasado 24 de diciembre. El perro que no solo rastreaba, sino que me explicó y me enseñó, paso a paso, cómo rastrea un perro y, sobre todo, cómo debe aprender a leerlo su guía: sígueme, no molestes, observa y aprende.

Fui a buscarlo personalmente a Alemania junto a un compañero mío de la Policía Local, después de estudiar y seleccionar varios criaderos de la antigua Alemania Oriental. No fue una decisión impulsiva. Fue pensada, comparada y meditada.

Volamos hasta allí y regresamos con él en un viaje en coche de más de 22 horas, prácticamente sin descanso. Aquel viaje ya decía mucho de lo que vendría después: constancia, paciencia y compromiso.

Llegó como un grandullón torpe, aún cachorro, desgarbado, con patas grandes y movimientos poco coordinados. Pero desde el primer momento transmitía algo difícil de explicar: presencia.

Construcción del carácter

Desde pequeño comenzamos a trabajar la construcción, no el adiestramiento rápido. No buscábamos resultados inmediatos, sino estructura mental, temple y equilibrio. Día tras día, sin atajos.

Eso, unido a su temperamento y a unos rasgos muy marcados, fue forjando un perro serio, estable, muy duro mentalmente e impresionante para trabajar.

Ares no fue un perro precoz. No mostró sus verdaderas cualidades hasta los 18 meses, y terminó de asentarse en torno a los dos años, alcanzando su estructura definitiva: 65 cm a la cruz y unos 44 kg de peso, compacto, potente, hecho para aguantar.

A esa edad ya era capaz de realizar obediencia IGP, pruebas IRO o incluso jugar a mondioring, siempre con cabeza fría, sin desbordarse y sin perder el control.

El rastro apareció solo

En un principio, Ares iba a ser un perro de detección y salvamento, especializado en búsqueda de personas en grandes áreas. Pero un día ocurrió algo que lo cambió todo.

Había quedado con amigos para salir en bicicleta. Era verano. Nos íbamos a una casa de campo. Yo ya estaba a unos 3 kilómetros de casa: aproximadamente kilómetro y medio de camino de tierra y otro kilómetro y medio de carretera, antes de entrar al casco urbano.

A los diez minutos, mi hija abrió la puerta… y Ares salió. Me llamaron nerviosos. Lo estaban buscando y no aparecía. En ese momento se te pasan muchas cosas por la cabeza: que se ha perdido, que lo pueden robar, que puede haber tenido un accidente. Cuando me giré y miré hacia atrás, lo vi.

Venía por la carretera, rastreando, nariz al suelo, siguiendo mi olor sin desviarse. Ahí lo entendimos todo. A partir de ese momento supimos que Ares podía llegar a ser un perro de rastro excepcional, especializado en la búsqueda de un olor específico determinado, no un olor genérico.

Y también entendimos algo fundamental: nosotros no estábamos formados en rastro. Fue él quien nos enseñó.

Capacidad fuera de lo común

Con apenas 18 meses, Ares ya era capaz de seguir rastros por asfalto, en pleno mes de julio, a las 13:00 horas, con 36 °C, durante más de un kilómetro. Nunca he visto a un perro —de ninguna raza— hacer algo así. Inigualable.

Era igual de fiable de día que de noche, capaz de trabajar a las dos de la madrugada o bajo un sol insoportable. Siempre igual. Siempre centrado. Por eso destacaba en todos los rastros, sin excepción.

Juventud, Kiara y espíritu de lucha

Cuando era joven, uno de los trabajos que más realizábamos en entrenamiento deportivo lo hacía junto a Kiara, otra perra de gran área que tengo, que le enseñó mucho por aprendizaje por imitación, algo que solo funciona en perros con cabeza y carácter.

El ejercicio consistía en meterlos en transportines, lanzar una pelota a zonas enormes, de 4.000 o 5.000 metros, con vegetación media-alta, y soltarlos para ver quién localizaba primero.

No era un juego. Era temperamento, instinto, competitividad, espíritu de lucha. Ares siempre quería quedar delante. Siempre quería localizar primero. Ese rasgo lo acompañó toda su vida. Cómo trabajaba Cuando entraba a un rastro, respondía. Siempre.

No hacía falta insistir. Entraba conectado desde el primer segundo y no soltaba el trabajo hasta terminar: Si el rastro se complicaba, seguía. Si estaba contaminado, insistía. Si había que volver atrás, volvía. Nunca abandonaba.

Tenía iniciativa, determinación, competitividad y energía suficiente para sostener trabajos largos, sin desbordarse y sin perder cabeza. Por eso era fiable siempre, no solo brillante a veces.


Trabajo operativo real – Desarrollo de intervenciones más destacadas

Durante más de diez años, Ares participó en operativos reales de búsqueda de personas desaparecidas, trabajando de forma coordinada con Guardia Civil, Policía Nacional, Policías Locales, GREA, Bomberos, Protección Civil, SOS Desaparecidos y distintas unidades cinológicas. Su trabajo no se basó nunca en la espectacularidad, sino en la fiabilidad, la constancia y la lectura correcta del rastro en condiciones reales.

  • Lora del Río – Priorato (Sevilla, 2019) Desaparición de Joaquín López Largo, 68 años.
  • Montilla (Córdoba, 2019): Desaparición de Francisco Pérez Cañete, 79 años
  • Córdoba capital (2020) Desaparición de José Morilla Aguilar – 21 de agosto de 2020
  • Candón (Huelva, 2020)Desaparición de Jorge Alamillo Malavé, 41 años
  • Montilla (Córdoba, 2020) Desaparición de Francesca Gilliland, 38 años
  • Alcolea (Córdoba, agosto de 2022) Localización con vida

Un perro extremadamente duro: dos operaciones a vida o muerte.

En una de ellas, tras tragarse una toalla, fue necesario extirparle casi un metro de intestino en el Hospital Veterinario de Puente Genil. La intervención fue extremadamente compleja y el pronóstico, muy reservado. En aquel momento, el trabajo y la profesionalidad del equipo fueron determinantes.

Desde aquí quiero agradecer expresamente a Ángel y a Juan, del Hospital Veterinario de Puente Genil, el trato, la dedicación y la profesionalidad que siempre han tenido con nuestros perros. No solo con Ares, sino con todos ellos.

En los momentos más difíciles demostraron experiencia, criterio y humanidad. Su forma de trabajar, de implicarse y de no rendirse cuando el pronóstico era muy complicado salvó vidas, y eso no se olvida. Son, sin duda, grandes profesionales, y este reconocimiento es también para ellos.

En 2019, un nuevo accidente intestinal volvió a ponerlo todo al límite. El daño era severo, con zonas totalmente necrosadas. Fue entonces cuando Juan, como veterinario jefe, me llamó directamente: David, el perro está muy mal. Solo pedí una cosa: 24 horas. Ares volvió a hacerlo. Sobrevivió. El 99,9 % de los perros no sale de situaciones así.

Un mes después, ya recuperado, volvió al trabajo. Y no volvió de cualquier manera: localizó con vida a una persona enterrada en casco urbano, a más de dos kilómetros de distancia, demostrando una vez más que su dureza no era solo física, sino también mental.

Último año, guardia y despedida

El último año las secuelas obligaron a adelantar su jubilación. Pasó a ser uno más de la familia, sin dejar nunca de ser un gran guardián. Cuando ladraba de frente, imponía respeto. En grandes áreas entraba decidido, incluso bajo presión por zonas y entornos complejos.

Era duro, muy duro, y hasta el día antes de morir, prefería estar bajo la lluvia antes que a cubierto. Así era Ares, duro como una piedra.

El legado

Su legado continúa en casa, y continuará con su nieto Bull y también en perros que hoy trabajan en
Bomberos, Guardia Civil, Policía Local, equipos de rescate, etc llevando en silencio lo que Ares dejó aprendido.

Ares sigue y seguirá enseñando a través de vídeos en cursos de formación, a policías, bomberos, vigilantes, voluntarios de Protección Civil, etc.

Cada vez que alguien aprende a leer un rastro, cada vez que un guía entiende cuándo avanzar y cuándo no estorbar, Ares sigue ahí.

No tuvo su medalla, ni hizo falta, porque Ares no se va. Permanece en cada rastro que enseñó a leer.

David Pino Marqués
Oficial de Policía Local · Experto en Instrucción Canina para Operaciones de Seguridad, Detección y
Respuesta a Emergencias

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