En muchos casos los líderes de izquierdas surgen de las clases medias cultivadas, que toman conciencia de lo que debería ser la justicia social y tienen la formación necesaria para articular programas y estrategias para la acción liberadora de las clases populares.

Pero también a lo largo del tiempo surgen de vez en cuando grupos de ciudadanos, con alta consideración de sí mismos que, desde posiciones elitistas, pretenden ser ejemplo para las masas desfavorecidas, por citar dos ejemplos tenemos lo que se denominó la “gauche divine” en la Barcelona de los 60, donde intelectuales de la literatura, el cine o la música mezclaban sus aficiones con toques marxistas y de los movimientos contraculturales norteamericanos y en el Madrid socialista de los 90 surgió la “Beautiful People”, véase que pasamos del elegante francés al inglés que es el idioma de los negocios, algunos de sus más claros representantes fueron el ministro Boyer y la Preysler o el gobernador del Banco de España, Mariano Rubio, que pasó por la cárcel por fraude, todos ellos eran directamente élite económica que presumían de su capacidad para la gestión económica capitalista al mismo tiempo que se declaraban socialistas y eran altos cargos de la administración pública, no cabía mayor contradicción.

Al albur del 15M en que la sociedad y especialmente los jóvenes se indignaron y decidieron salir a las calles a mostrar sus protestas, un grupo de universitarios, estos si comprometidos en la lucha de la izquierda y que habían participado en los movimientos antidesahucios y en los más universales de antiglobalización, decidieron dar un salto a la política y respondiendo con valentía a las formaciones políticas clásicas que les retaban a presentarse a las elecciones, fundaron Podemos, se presentaron a las elecciones europeas de 2014 y tuvieron un sonado éxito, que volvieron a ratificar en las elecciones generales de 2016, donde llegaron a amenazar al mismísimo PSOE, con el que poco después llegaron a acuerdos incluso de gobierno.

Ese movimiento heterogéneo y trasversal fue atacado como nunca antes había sucedido por el aparato del estado en manos de la derecha del PP de M punto Rajoy y también por las élites del poder económico que llegó a crear un nuevo partido, Ciudadanos, que compitiera con ellos por la derecha, no podemos olvidar al poder mediático, cómplice necesario de toda esa guerra sucia.

Dentro de la denominada izquierda hay un cúmulo de grupos y grupitos que se preocupan exclusivamente de su monotema, animalistas, ecologistas, activistas LGTBI+, feministas de distintas tendencias, en fin, una división que solo beneficia a las derechas, pero es que además si tocan algo de poder, legislan según su propio criterio olvidándose del criterio de la mayoría social, son aquellos que se creen más avanzados que la propia sociedad a la que deberían servir y entienden el liderazgo no como la tarea de convencer, sino de imponer y a poco que analicemos, esa forma de actuar no es democrática, la democracia es el gobierno del pueblo y este tiene derecho a equivocarse pero por sus propias decisiones, no por las de quienes se arrogan su liderazgo.

La mayoría de esos grupos de influencia política, están en las ciudades y tienen un conocimiento teórico de lo rural, no entienden por ejemplo que, en un pueblo, un ciudadano tenga su huerto y su corral con unas cuantas gallinas para consumo propio o para regalarle o venderle una docena de huevos a su vecino, no entienden que además sea cazador y se vaya al campo a matar dos o tres conejos para comérselos en casa con su familia o amigos, compartiendo y socializando.

El animalismo legisla para impedir que unos pocos cazadores asilvestrados cuelguen a sus galgos, cuando ya no les sirven, pero legisla de forma que afecta a todos los ciudadanos del mundo rural que tienen sus perros bien cuidados para irse a cazar esos conejos o perdices, que quiere tener sus camadas y compartirlas o venderlas, no se puede perjudicar a la mayoría para corregir actitudes condenables de una minoría. No es posible que sea exigible un cursillo para tener una mascota y no se exija nada para ser padres. En las ciudades los animales son mascotas, en los pueblos también, pero además en los pueblos los animales son útiles como proveedores de proteínas, de guarda o de acompañamiento en la caza.

Por otro lado se legisla sobre la caza y los lobbies de los grandes terratenientes que organizan partidas cinegéticas, véase el matiz en el lenguaje, ya no se habla de caza o cacería, son partidas cinegéticas, pues bien, esos lobbies presionan para que quienes les pagan continúen con sus actividades económicas organizando auténticas matanzas de animales en muchos casos desde la comodidad de un puesto camuflado y con la ayuda de un secretario que les va recargando sus rifles de precisión, eso sí, mientras se estrechan lazos y alianzas políticas y económicas como reflejó el gran Berlanga en “La escopeta nacional”, nada que ver con el paisano que se coge su perro y se recorre kilómetros para matar dos conejos o cuatro perdices.

No entienden que a esa gente les gusten las fiestas con toros, esas fiestas ancestrales del ámbito cultural mediterráneo que obviamente se han ido modificando en sus formas con el paso de los siglos, pero que entroncan con comportamientos sociales y de pertenencia que han sido muy estudiados por los antropólogos como formas de cohesión social, meten en el mismo saco esas cosas con las gamberradas de hace 50 años, cuando a unos quintos que se iban a la mili se les ocurrió tirar una cabra del campanario y es evidente que no son las mismas cosas, una es tradición y lo otro es una gamberrada.

Democracia es el gobierno de la mayoría respetando a las minorías, no sé lo que diría un referéndum sobre la tauromaquia en general, o sobre las corridas de toros y los festejos con toros o vacas bravas en particular, en cualquier caso creo que son modos culturales que deben ser respetados y que probablemente ellos mismos sigan evolucionando como se ha hecho desde siempre, a nadie se le ocurriría hoy picar a los toros sin las protecciones que usan los caballos de los picadores y esa práctica no debe tener mucho más de 100 años, en Portugal no se matan los toros, es decir las tradiciones también cambian con el paso de los tiempos y con los gustos, las creencias y los conceptos morales de los ciudadanos, eso sí, cuanta más presión hay para el cambio más radical es la oposición al mismo, quizás eso debería hacer reflexionar a muchos talibanes del pensamiento único que también están en las izquierdas.

En definitiva, se legisla desde Madrid o desde las capitales de las Comunidades Autónomas, es decir, desde el mundo urbano con escaso, cuando no tergiversado conocimiento de las necesidades reales y de los usos y costumbres del mundo rural.

La izquierda debe ser trasversal en sus diagnósticos y trasversal en sus soluciones, la izquierda debe escuchar a todos los ciudadanos sin despreciar a nadie y muchos menos despreciar la sabiduría del Señor Cayo, como nos mostró el gran Miguel Delibes en su novela “El disputado voto del Señor Cayo” publicada en 1978 y llevada al cine el 1986.

La izquierda no debería ir a vencer, sino a convencer.

Ángel Diez de Miguel
Reflexiones desde la higuera

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