¡Hosana! ¡Bendito el que viene en el nombre de los cielos! Entra triunfal Jesús en Jerusalén entre mantos y ramas de olivo. Baja La Borriquita por las escaleras de la Iglesia María Auxiliadora y sale a las calles de Montilla para inaugurar nuestra Semana Santa. Los chicos del colegio salesiano llevan a hombros el nuevo trono, los nazarenos, de blanco y azul celeste, acompañan a Jesús de Nazaret con palmas blancas y ramas de olivo en su paseo en para anunciar que el hijo de Dios ha llegado.

Para muchos es el punto de partida de la Semana Santa, para los chicos de Salesianos Montilla ya había comenzado el Viernes de Dolores. Hay días en los que eres capaz de comprender que Salesianos Montilla no es solo un colegio, que el ambiente es especial, que profesores y alumnos van a la par, este viernes es uno de esos días. El día en que las aulas son las calles y las iglesias de Montilla, el día en el que se aprende infinitamente más que leyendo un libro o visualizando un documental. Es un día especial, sobre todo para los de cuarto, conscientes de que es su último año en ese colegio que es una casa.

Los futuros antiguos alumnos comienzan su día en la Ermita Virgen de Belén, allí se dan los buenos días y se muestra el significado de la Semana Santa. Nos trasladamos al cementerio, donde los chicos oran en una actividad dedicada a los familiares y allegados que descansan en campo Santo. El momento es compartido por alumnos y profesores. A Álvaro, que pensaba en su tito durante la oración, le ha emocionado la actividad. Hacemos ejercicio de memoria, rezamos por los que están y por los que se fueron, recordamos a nuestros seres queridos.

Visitar a las personas con capacidades diferentes. La siguiente parada es en la Fundación Futuro Singular, donde se presta apoyos personalizados para que cada persona se desarrolle y alcance sus metas. Encontramos una visión diferente de la vida, es momento de plantearse lo que de verdad importa.

Dar de comer al hambriento. Cuando visitamos el comedor social y Cáritas asistimos boquiabiertos a las explicaciones de la Hermana Manoli, que relata cómo se le aporta alimentos a más de 50 personas diariamente y se ayuda a las familias a pagar facturas de luz, medicinas o el alquiler de las viviendas. La hermana da gracias a Dios y a todas las personas que colaboran porque “los montillanos son muy generosos” y “nunca nos falta de nada”. Valiosa lección de vida para los jóvenes aprender que no solo se donan alimentos o capital económico, que nuestro tiempo para colaborar o una simple conversación con alguien que necesita ser escuchado es la mejor donación que podemos aportar. La conversación se pone en práctica entre compañeros, el sentimiento de hermandad se apodera del ambiente.

Es el momento de volver al colegio para enseñar a los más pequeños de la casa, que han llegado de la Semana Santa Chiquita, pero siguen vestidos de romanos o costaleros. Mientras Juan, de cuarto, ayuda a Óliver a recortar la figura de un nazareno, Darío explica que se ha mudado a Córdoba y ya no es alumno. Sin embargo, no duda en ponerse el chándal o el uniforme y volver a la que es su casa cuando puede, ya es parte de la familia de Salesianos Montilla. Después de visitar la Parroquia de Santiago, llega la convivencia de los jóvenes, que comparten unos bocadillos en el patio del colegio.

Así se fragua el Domingo de Ramos en Montilla, entre alumnos del colegio salesiano. Jesús ya ha hecho su entrada triunfal en Jerusalén y es momento de disfrutar de siete intensos días en los que el pueblo montillano sale a las calles para adorar a sus figuras por oración, sentimiento y tradición. Ahora es el momento de la Juventud, hermandad también fraguada a lo alto de la cuesta, en el seno del grupo joven de Antiguos Alumnos. Es el momento de los jóvenes a la salida de la Parroquia de Santiago, se mece el paso y la emoción rompe alzando la voz al cielo: ¡Cristo Vive entre los jóvenes! ¡Cristo vive!

Francisco S. Cobos

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