Las calles del municipio cacereño de Guadalupe se han inundado este fin de semana de fe, cantos y juventud gracias a los casi 1.000 jóvenes procedentes de más de 70 parroquias y movimientos de la diócesis de Córdoba que han completado con éxito la XXXI Peregrinación Diocesana de Jóvenes, consolidando esta cita como uno de los encuentros de fe juvenil más multitudinarios del año en la región.
El evento, que este año ha cobrado un sentido todavía más profundo al enmarcarse dentro de las celebraciones del Año Santo Guadalupense, comenzó formalmente tras una multitudinaria misa de envío presidida por el obispo de Córdoba, Monseñor Jesús Fernández. Con las mochilas cargadas de intenciones y bajo el lema «Tu Madre te busca», los peregrinos emprendieron el rumbo hacia el histórico monasterio cacereño.

Los peregrinos cordobeses tuvieron como punto de inicio común el viernes a las 7:30 horas en la Santa Iglesia Catedral de Córdoba, desde donde partieron a Puerto de San Vicente (Toledo), para iniciar la primera etapa a pie q finalizó en el municipio cacereño de Alía, donde realizaron la cena y pasaron la primera noche.
El Sábado se realizó a primera hora de la mañana, los peregrinos retomaron la marcha con rumbo directo hacia el término municipal de Guadalupe, donde fueron recibidos por Monseñor Jesús Fernández, que esperó y recibió a la marea de jóvenes a su entrada oficial en la puebla de Guadalupe. Tras el descanso y ubicación de los peregrinos, por la noche se celebró una vigilia de oración colectiva encabezada por el obispo, enfocado en la reflexión, los cantos y la adoración mariana.
Para terminar el domingo por la mañana, el obispo de Córdoba presidió la solemne Eucaristía en el Real Monasterio de Santa María de Guadalupe, la cual tuvo carácter jubilar, al estar en pleno Año Santo Guadalupense. Tras la misa, los peregrinos compartieron el almuerzo antes de emprender el viaje de regreso en autobús hacia sus respectivos municipios en Córdoba.
Una marea de fe en el Año Jubilar
La llegada de la comitiva al Real Monasterio de Santa María de Guadalupe ha dejado imágenes para el recuerdo. Tras recorrer los últimos tramos del camino, los jóvenes fueron recibidos por el repique de campanas y el calor de los vecinos de la localidad.
«Ha sido una experiencia dura por el esfuerzo físico, pero compartirlo con tanta gente de tu edad te llena de una energía limpia y renovada», explicaba uno de los seminaristas participantes a su llegada a la plaza de Santa María.

La delegación de juventud de la diócesis ha calificado el encuentro de «rotundo éxito», destacando el comportamiento ejemplar de los chicos y chicas, así como la importancia de reactivar estos espacios de convivencia tras meses de preparación en las distintas vicarías.