Siguiendo la huella de San Francisco Solano en Lima

Para los montillanos, Perú forma parte del imaginario de nuestra infancia. Hemos crecido escuchando las aventuras de nuestro paisano San Francisco Solano cruzando el océano en una embarcación de madera en pleno siglo XVI, con naufragio incluido, recorriendo los Andes a pie y atravesando ríos caudalosos flotando sobre su manto extendido.

Un lazo invisible une nuestros corazones con Lima, donde sabemos que reposan sus restos, entre aquellos a los que tanto quiso y a los que dedicó su vida. Por eso, cuando me surgió la oportunidad de visitar esta ciudad, invitada por unos amigos, no lo dudé un momento: tenía que ir y recorrer los lugares donde él había vivido y de los que tanto había oído hablar, y llevarle el cariño de unos paisanos que tan orgullosos nos sentimos de haber sido bautizados en la misma pila donde Solano.

Mi primer día en Lima, lo dediqué a seguir la huella de San Francisco Solano en la ciudad y según la información que tenía, el Convento de los Descalzos debía ser la primera parada

El Convento está en el distrito de Rimac, en la ladera del cerro de San Cristóbal, formando parte del Centro Histórico pero algo alejado de los demás monumentos que lo integran; el barrio es de casas muy pobres y no se ven turistas por allí. La primera impresión es emocionante: inconfundible, con su ravel en la mano, una gran estatua de Solano corona el edificio.


El convento es actualmente un museo, regentado por una Fundación, y la visita es una auténtica delicia. Éramos las únicas visitantes y le contamos a Gisselli, nuestra guía, que veníamos de la ciudad natal de San Francisco Solano para conocer los lugares donde desarrollo su misión. Ella nos explicó que los Descalzos fue el segundo convento que los franciscanos tuvieron en Lima, lo que era una auténtica excepción para la época.

Al fundarse la ciudad, cada orden recibía un terreno en el centro de la ciudad al lado de la catedral y los edificios del gobierno, para levantar un convento y desde allí realizar su labor evangelizadora.

En el caso de los franciscanos ese convento era el de San Francisco, pero la austeridad de la orden les llevó a construir este otro en lo que entonces eran las afueras de la ciudad, como casa de retiro para los religiosos que quisieran vivir en extrema pobreza, y como primer superior de ese convento llamaron a San Francisco Solano que ya entonces tenía gran fama por su espíritu de pobreza y su extraordinaria bondad.

Primer patio de Convento de los Descalzos.

El pueblo comenzó a referirse a ellos como los Descalzos porque así es como iban. Todo el convento está lleno de referencias a la figura del Santo, desde una estatua en el primero de los patios hasta varios cuadros y figuras más pequeñas repartidas por diversas estancias.

Me resultó entrañable comprobar que el convento contaba con una lagareta y una pequeña bodega, lo que hace todavía más familiar para nosotros un lugar que en realidad está separado por miles de kilómetros de nuestra tierra.

Pasillo del Convento. La colección de pintura de las escuelas limeña y cuzqueña es espectacular.

Otro patio del Convento


Entrada a Capilla de la Virgen del Carmen. En el interior, a la izquierda está el altar y a la derecha el cuadro de San Francisco Solano.

La Capilla.

Cuadro de San Francisco Solano. Anónimo. Escuela limeña, siglo XVII. Realizado basándose en el retrato que se le hizo a San Francisco justo después de morir.

Detalle del retrato de San Francisco Solano de la Capilla del Carmen.

El convento tiene numerosos patios y capillas, además de la del Carmen. En una de ellas se encuentran dos obras que me parecieron muy interesantes; una es el único retrato original de San Francisco, que se le hizo ya cadáver debido a la fama de santidad que ya entonces le acompañaba y a que los votos de pobreza y humildad de la orden franciscana impedían que se le hiciese el retrato en vida.

Retrato original de San Francisco, ya cadáver.

La otra es una imagen en la que se le ve pisando una armadura mientras un angelito le ofrece una corona de plumas ritual de los indios. Gisselli nos explicó que con esto se quería simbolizar la lucha que San Francisco mantuvo por los derechos de los indios y en contra de la violencia de los conquistadores.

Cuadro de San Francisco pisando la armadura y recibiendo una corona de plumas indígena de manos de un ángel.

lagareta y la bodega

La lagareta y la bodega. El caldero se utilizaba para elaborar la sopa boba que se daba a los pobres.

La lámpara de la bodega, con los brazos cruzados que son símbolo de la Orden Franciscana.

Y, para terminar la visita, Gisselli nos llevó a un lugar muy especial. Nos contó que el convento estaba construido sobre una ladera, y que en su parte trasera había unas cuevas naturales donde San Francisco solía retirarse para vivir en una pobreza aún mayor que la conventual. Tras su muerte, en el lugar donde estaba la cueva se construyó una pequeña iglesia que solo se abre en ocasiones muy especiales, pero cuya fachada pudimos fotografiar.

La iglesia construida en el lugar donde estaba la cueva a la que se retiraba San Francisco. Está situada al fondo del convento.

Con Gisselli Távara, nuestra guía, a la salida del Museo.

Terminada la visita al Convento de los Descalzos nos dirigimos al centro histórico, al Convento de San Francisco, el primero de los que fundaron los franciscanos en Lima. Se trata de un conjunto monumental considerado una de las joyas más representativas de la arquitectura virreinal del Perú, compuesto por varios edificios (la mayoría del siglo XVIII) que son las iglesias de San Francisco, La Soledad y el Milagro, cada una de ellas con varios claustros, patios y anexos. Está en una zona mucho más turística, y en este caso la visita también fue guiada pero formando parte de un grupo numeroso.

La explanada donde se encuentra el conjunto monumental. Al frente la Iglesia y a la izquierda la entrada al conjunto.

Aparte del indudable valor histórico-artístico del conjunto, lo más llamativo para los montillanos está en la Sala de Exposición o Penitenciaría, dedicada a San Francisco Solano con motivo del 400 aniversario de su muerte.

En el cuadro de la izquierda se representa el viaje de San Francisco Solano de Panamá a Perú en 1589. El de la derecha tiene la misma iconografía del que está en el museo de los Descalzos, donde el santo está pisando la armadura de un conquistador.

El cuadro de la izquierda representa a San Francisco predicando en la Plaza de Armas de Lima. Al fondo, retrato del Santo.
Y terminando la visita, en la Sala Capitular, una pequeña sorpresa: en los frescos del techo también está representado nuestro santo, haciendo referencia a sus viajes por América.

El día había sido intenso y nos quedaba la última etapa de nuestro recorrido: la Catedral de Lima, en la Plaza de Armas.

La Plaza de Armas es el lugar donde Francisco Pizarro fundó la ciudad de Lima, en 1535. Desde esta Plaza, en la que está presente el poder público y el poder religioso, se trazó la ciudad a cordel y regla según las Ordenanzas para la fundación de ciudades en el nuevo mundo que dictó Carlos I en 1523.

Situada al lado del Palacio arzobispal y del Palacio de Gobierno, en la Catedral está la tumba de Pizarro. Y, en una de sus capillas, llamada de los Santos Peruanos, sobre la imagen de Santa Rosa de Lima se encuentra la de San Francisco Solano, junto con las de San Martín de Porres y San Juan Masías.

El día llegaba a su fin, y con la visita al altar mayor para dar gracias por tener la oportunidad de vivir tantas emociones, me despedí de mi paisano con la satisfacción de comprobar cómo sigue vivo en la memoria y en la historia no solo de nuestro pueblo sino también de aquéllos a los que dedicó su vida.

Altar mayor y sillería coral de la Catedral de Lima

Mª Teresa Velasco Portero
Fotos: Ursula Sandmayr

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